Por:
V. M.
Será historia. Por primera vez, los colores de la Casa de Gobierno fueron los de la bandera arcoiris, el símbolo de la lucha por la igualación de derechos de la comunidad homosexual. Ayer, el Salón de los Patriotas Latinoamericanos se vio repleto de franjas con los colores de esa insignia.
Fueron los colores que hizo flamear con insistencia Lohana Berkins, dirigente de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti (ALIT), cada vez que Cristina Fernández arrancaba aplausos rabiosos de los invitados.
Y también fueron los colores de los pines que María Rachid, de la FALGBT, se empeñó en distribuir en las solapas de cada uno de los presentes, incluido el cárdigan rosa de la presidenta, el saco de Néstor Kirchner y de los ministros del Gabinete nacional. Todos, sin excepción, aceptaron el prendedor con la leyenda "Sí a la igualdad".
Los pines se multiplicaron en cuestión de minutos, incluso en el gorro de lana del actor Juan Palomino, que siguió el acto desde la mitad del salón con su pequeña hija, casi dormida, en brazos. O en los coquetos atuendos de los modistos Pablo Ramírez, de impecable y riguroso negro, y el sombrero de Roberto Piazza.
Rachid fue de las primeras en llegar. Plano en mano, compartió con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, los preparativos finales de la organización de un acto que, desde el vamos, el gobierno buscó presentar como la culminación de un logro político de "toda la sociedad".
Los dirigentes de las organizaciones repartieron abrazos calurosos. Especialmente a la diputada Vilma Ibarra, una de las autoras de la iniciativa junto a la socialista Silvia Augsburger; al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y a la abogada Carolina Von Opiela, representante de las primeras parejas homosexuales que pelearon por el casamiento.
La presidenta saludó con notable afecto al acto José "Pepito" Cibrián pero también se emocionó cuando las tan simpáticas Norma Castillo y Ramona "Cachita" Arévalo -las mujeres de 67 años protagonistas del primer casamiento de lesbianas del país- empujaron un poco a los invitados más altos para llegar hasta ella. Exultantes de alegría también estuvieron en la Casa de Gobierno los actores Lito Cruz, Esther Goris, el rey de la improvisación Mosquito Sancineto, el periodista Osvaldo Bazán y la cineasta Albertina Carri, entre otros.
Todos querían llegar a Cristina pero también a Kirchner. Hubo algo parecido a un pogo cuando terminó el acto y muchos, desde el fondo del salón, comenzaron a caminar hacia el escenario central para, cámara digital en mano y al grito de "igualdad", tener "la" foto con la presidenta.
Es más, el ex presidente recibió una efusiva muestra de apoyo electoral de la Agrupación Nacional Putos Peronistas. "Néstor, Néstor corazón: acá tenés los putos para la liberación", gritó un grupo de jóvenes de la organización mientras rodeaba al diputado en el medio del tumulto.
La alegría de los empujones hizo caer el decorado de tela con la bandera argentina. Pero a nadie le importó.
Para entonces, el ministro de Economía, Amado Boudou, uno de los más solicitados por los militantes para el retrato del día, era el último funcionario en el salón: lo demoraba una conversación con Piazza sobre lo "difícil" de la vida del modisto cuando los debates como la boda gay estaban clausurados.